Alicia a través del espejo
Tweedledum miró alrededor con gran satisfacción. -Supongo -se jactó- que cuando hayamos terminado, ¡no quedará ni un sólo árbol sano a la redonda! -¡Y todo por un sonajero! -exclamó Alicia que aún tenía esperanzas de que se avergonzaran un poco de pelearse por tan poca cosa. -No me habría importado tanto -se excusó Tweedledee- si no hubiera sido uno nuevo. -¡Cómo me gustaría que apareciera ahora el cuervo monstruoso! -pensó Alicia. -No tenemos más que una espada, ya sabes -le dijo Tweedledum a su hermano así que tú puedes usar el paraguas..., pincha igual de bien; sólo que más vale que empecemos pronto porque se está poniendo todo muy negro. -¡Y tan negro! -convino Tweedledee.
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