Alicia a través del espejo
-No tenemos más remedio que batirnos hoy; pero no me importaría que no fuese por mucho tiempo -dijo Tweedledum-. ¿Qué hora es? Tweedledee consultó su reloj y respondió: - Son las cuatro y media. -Pues entonces, combatamos hasta las seis y luego, ¡a cenar! -propuso Tweedledum. -Muy bien -convino el otro, aunque algo taciturno- y ella, que presencie el duelo... sólo que no se acerque demasiado a mí -añadió- porque cuando a mí se me sube la sangre a la cabeza..., ¡vamos, que le doy a todo lo que veo! -¡Y yo le doy a todo lo que se pone a mi alcance, lo vea o no lo vea! -gritó Tweedledee. -Pues si es así -rió Alicia- apuesto que habréis estado dándole a todos estos árboles con mucha frecuencia.
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