Alicia a través del espejo
-¡Qué pena me da -exclamó la morsa- haberles jugado esta faena! ¡Las hemos traído tan lejos y trotaron tanto las pobres! Mas el carpintero no decía nada, salvo -¡Demasiada manteca has untado! -¡Lloro por vosotras! -gemía la morsa. -¡Cuánta pena me dais! -seguía lamentando y entre lágrimas y sollozos escogía las de tamaño más apetecible; restañaba con generoso pañuelo esa riada de sentidos lagrimones. -¡Oh, ostras!- dijo al fin el carpintero-. ¡Qué buen paseo os hemos dado!, ¿os parece ahora que volvamos a casita? Pero nadie le respondía...
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx