Alicia a través del espejo

pimienta y vinagre, además, tampoco nos vendrán del todo mal... y ahora, ¡preparaos, ostras queridas!, que vamos ya a alimentarnos. -Pero, ¡no con nosotras! -gritaron las ostras poniéndose un poco moradas-; ¡que después de tanta amabilidad eso sería cosa bien ruin! -La noche es bella -admiró la morsa- ¿no te impresiona el paisaje? -¡Qué amables habéis sido en venir! ¡Y qué ricas que sois todas! Poco decía el carpintero, salvo -¡Córtame otra rebanada de pan!, y ojalá no estuvieses tan sordo que, ¡ya lo he tenido gue decir dos veces!

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx