Alicia a través del espejo
y esto sí que no tenía nada de extraño, pues se las habían zampado todas. De los dos el que más me gusta es la morsa - comentó Alicia- porque al menos a ésa le daban un poco de pena las pobres ostras. -Sí, pero en cambio, comió más ostras que el carpintero -corrigió Tweedledee- resulta que tapándose con el pañuelo se las iba zampando sin que el carpintero pudiera contarlas sino, ¡por el contrario! -¡Eso si que está mal! -exclamó Alicia indignada-. En ese caso, me gusta más el carpintero... siempre que no haya comido más ostras que la morsa. -Pero en cambio se tragó todas las que pudo - terció Tweedledum. El dilema la dejó muy desconcertada. Después de una pausa, Alicia concluyó: -¡Bueno! ¡Pues ambos eran unos tipos de muy mala
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