Alicia a través del espejo
no dejar tan pronto su ostracismo. Pero otras cuatro ostrillas infantes se adelantaron ansiosas de regalarse: limpios los jubones y las caras bien lavadas los zapatos pulidos y brillantes; y esto era bien extraño pues ya sabéis que no tenían pies. Cuatro ostras más las siguieron y aun otras cuatro más; por fin vinieron todas a una más y más y más... brincando por entre la espuma de la rompiente se apresuraban a ganar la playa. La morsa y el carpintero caminaron una milla, más o menos, y luego reposaron sobre una roca
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