Alicia a través del espejo
la barrieran durante medio año, ¿te parece -indagó la morsa atenta- que lo dejarían todo bien lustrado? -Lo dudo -confesó el carpintero y lloró una amarga lágrima. -¡Oh ostras! ¡Venid a pasear con nosotros! -requirió tan amable, la morsa-. Un agradable paseo, una pausada charla por esta playa salitrosa: mas no vengáis más de cuatro que más de la mano no podríamos. Una venerable ostra le echó una mirada pero no dijo ni una palabra. Aquella ostra principal le guiñó un ojo y sacudió su pesada cabeza... Es que quería decir que prefería
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