Alicia a través del espejo
-Para eso está ahí en medio el árbol -señaló la rosa-. ¿De qué serviría si no? -Pero ¿qué podría hacer en un momento de peligro? -continuó preguntando Alicia. -Podría ladrar -contestó la rosa. -¡Ladra “guau, guau”! -exclamó una margarita- , por eso lo llaman “guayabo”. -¡¿No sabías eso?! -exclamó otra margarita, y empezaron todas a vociferar a la vez, armándose un guirigay ensordecedor de vocecitas agudas. -¡A callar todas vosotras! -les gritó el lirio irisado, dando cabezadas apasionadamente de un lado para otro y temblando de vehemencia-. ¡Saben que no puedo alcanzarlas! -jadeó muy excitado, inclinado su cabeza hacia Alicia, que si no ya verían lo que es bueno! -No te importe -le dijo Alicia conciliadoramente, para tranquilizarlo.
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