Alicia a través del espejo

entonces se quitó el yelmo..., pero pasaron horas y horas antes de que pudiera salir de ahí dentro. ¡Estaba yo tan apremiado que no había quien me sacara de ahí! -Me parece que lo que usted quiere decir es que estaba muy “apretado” -objetó Alicia. -Mira, ¡apremiado por todas partes! -insistía el caballero-. ¡Te lo aseguro! -Levantó las manos, sacudiendo la cabeza, al decir esto, bastante excitado, y al instante rodó por tierra, acabando de cabeza en una profunda zanja Alicia corrió al borde de la cuneta para ver de ayudarle. La caída la había tomado por sorpresa pues aquella vez el caballero parecía haberse mantenido bastante bien sobre su caballo durante algún tiempo, y además temía que esta vez sí se hubiese hecho daño de verdad. Sin embargo, y aunque sólo podía verle la planta de los pies, se quedó muy aliviada al oír que decía en su tono usual de voz: -Apremiado

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