Alicia a través del espejo
alegría-. ¿Es también de su invención? El caballero posó orgullosamente la vista sobre su yelmo, que llevaba colgado de la silla. -Si - asintió- pero he inventado otro mejor aún que éste..., uno en forma de un pan de azúcar. Con aquel yelmo puesto, si me sucedía caer del caballo, daba inmediatamente con el suelo puesto que en realidad caía una distancia muy corta, ¿comprendes?... Claro que siempre existía el peligro de caer dentro de él, desde luego... Eso me sucedió una vez..., y lo peor del caso fue que antes de que pudiera salir de nuevo, llegó el otro caballero blanco y se lo puso creyendo que era el suyo. El caballero describía esta escena con tanta seriedad que Alicia no se atrevió a reír. -Me temo que le habrá usted hecho daño - comentó con voz que le temblaba de la risa contenida- estando usted con todo su peso encima de su cabeza. -Tuve que darle de patadas, por supuesto - explicó el caballero con la misma seriedad-. Y
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