Alicia a través del espejo
una polvareda tal que al principio Alicia no pudo distinguir cuál era cuál; aunque pronto identificó al unicornio por el cuerno que le asomaba. Se colocaron cerca de donde estaba Hatta, el otro mensajero, que también estaba ahí contemplando la pelea, con una taza de té en una mano y una rebanada de pan con mantequilla en la otra. -Acaba de salir de la cárcel y aún no había acabado de tomar el té cuando lo encerraron -susurró Haigha al oído de Alicia- y allá dentro sólo les dan conchas de ostra para comer..., de forma que está el pobre muy hambriento y sediento. ¿Cómo estás, mi hijito continuó dirigiéndose al sombrerero y pasándole el brazo afectuosamente por el cuello. El sombrerero se volvió y asintió con la cabeza, pero siguió ocupado con su té y su pan con mantequilla. -¿Lo pasaste bien en la cárcel, viejito querido? -le preguntó Haigha.
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