Alicia a través del espejo
de la ciudad los echaron. -¿Acaso..., el que..., gana..., se lleva la corona! -preguntó Alicia como pudo, pues de tanto correr estaba perdiendo el aliento. -¡De ninguna manera! -exclamó el Rey-. ¡Dios nos libre! -Querría ser..., tan amable..., -jadeó Alicia después de correr un rato más- de parar un minuto..., sólo para..., recobrar el aliento? -Tan amable, sí soy -contestó el Rey- sólo que fuerte no lo soy tanto. Ya sabes lo veloz que corre un minuto. ¡Intentar pararlo sería como querer alcanzar a un zamarrajo! A Alicia no le quedaba ya aliento para seguir hablando de forma que continuaron corriendo en silencio, hasta que llegaron a un lugar donde se veía a una gran muchedumbre reunida en torno al león y al unicornio mientras luchaban. Ambos habían levantado
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