Alicia a través del espejo
un desmayo... ¡Dame unas habas! Al oír esto, el mensajero, ante el regocijo de Alicia, abrió una saca que llevaba colgada al cuello y extrajo unas cuantas, que le dio al Rey y que este devoró con ahínco. -¡Más habas! -ordenó el Rey. -Ya no queda más que heno -contestó el mensajero examinando el interior de su saca. -Pues heno, entonces -murmuró el Rey con un hilo de voz. Alicia se tranquilizó al ver que esta vitualla parecía reanimarlo considerablemente. -No hay como comer heno cuando se siente uno desmayar! -comentó el Rey mientras mascaba con gusto. -Estoy segura de que una rociada de agua fría le sentaría mucho mejor -sugirió Alicia- o quizá unas sales volátiles... -Yo no dije que hubiese algo mejor -replicó el Rey-.
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