Alicia a través del espejo

-Sólo quise decir que no había comprendido - se excusó Alicia-. ¿Por qué uno para venir y otro para ir? -¿Pero no te lo estoy diciendo? -dijo el Rey con cierta impaciencia- necesito tener a dos..., para llevar y traer..., uno para llevar y otro para traer. En ese momento llegó el mensajero: pero estaba demasiado extenuado y sólo podía jadear, incapaz de pronunciar una sola palabra, agitando desordenadamente las manos y haciéndole al Rey las muecas más pavorosas. -Esta jovencita te ama con H -dijo el Rey presentándole a Alicia, con la esperanza de distraer hacia ella la atención tan alarmante del mensajero..., pero en vano..., las actitudes anglosajonas se hacían más extraordinarias por momentos, mientras que sus grandes ojazos giraban violentamente en sus órbitas. -¡Me estás asustando! -se quejó el Rey- siento

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