Alicia a través del espejo

tantas otras cosas curiosas sobre las que tenía que pensar... No habían ido mucho más lejos cuando la pala de uno de los remos se quedó agarrada en algo bajo el agua y no quiso soltarse por nada (o así al menos lo explicaba Alicia más tarde) y por consiguiente, el puño del remo acabó metiéndosele bajo el mentón y a pesar de una serie de entrecortados y agudos “ayes”, Alicia se vio arrastrada inevitablemente fuera de su banqueta y arrojada al fondo, entre sus manojos de juncos. Sin embargo, no se hizo ningún daño y pronto recobró su sitio; la oveja había continuado haciendo punto todo este tiempo, como si no hubiera pasado nada. -¡Bonito cangrejo pescaste!, ¿eh? -observó, mientras Alicia volvía a sentarse en su banqueta, muy aliviada de ver que continuaba dentro del bote. -¿De veras?, pues yo no lo vi -dijo Alicia, atisbando con cautela las aguas oscuras por encima de la borda-. Ojalá no se hubiese

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