Alicia a través del espejo
mientras la barca seguía deslizándose suavemente por el agua, pasando a veces por entre bancos de algas (que hacían que los remos se le quedaran agarrotados en el agua más que nunca) y otras veces bajo la sombra de los árboles de la ribera, pero siempre vigiladas desde arriba por las altas crestas de la ribera. -¡Ay, por favor! ¡Ahí veo unos juncos olorosos! -exclamó Alicia en un súbito arrebato de gozo-. ¡De veras que lo son... y qué bonitos que están! -No hace falta que me los pidas a mí “por favor” -respondió la oveja sin tan siquiera levantar la vista de su labor- no he sido yo quien los ha puesto ahí y no seré yo quien se los vaya a llevar. -No, pero lo que quiero decir es que si por favor pudiéramos detenernos a recoger unos pocos -rogó Alicia- si no le importa parar la barca durante un minuto.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx