Alicia a través del espejo
-Pero, ¿es que no me oyes decir que “plumees”? -gritó enojada la oveja empuñando todo un manojo de agujas. -Desde luego que sí -repuso Alicia-. Lo ha dicho usted muchas veces... y además levantando mucho la voz. Me querría decir, por favor, ¿dónde están los cangrejos? -¡En el agua, naturalmente! -contestó la oveja, metiéndose unas cuantas agujas en el pelo, pues ya no le cabían en las manos-. ¡Plumea, te digo! -Pero, ¿por qué me dice que “plumee” tantas veces? -preguntó Alicia, al fin, algo exasperada-. ¡No soy ningún pájaro! -¡Sí lo eres! -le aseguró la oveja-. Eres un gansito. Esto ofendió un tanto a Alicia, de forma que no respondió nada durante un minuto a dos,
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