Alicia a través del espejo
-Sí, un poco... pero no en tierra... y tampoco con agujas de tejer... -empezó a excusarse Alicia cuando de pronto las que tenía en las manos empezaron a convertirse en remos y se encontró con que estaban las dos abordo de un bote, deslizándose suavemente por la orilla del río: de forma que no le quedaba más remedio que intentarlo lo mejor que podía. -¡Plumea! -le espetó la oveja, haciéndose con otro par de agujas. Esta indicación no le pareció a Alicia que requiriera ninguna contestación, de forma que no dijo nada y empuñó los remos. Algo muy raro le sucedía al agua, pensó, pues de vez en cuando los remos se le quedaban agarrados en ella y a duras penas lograba zafarlos. -¡Plumea, plumea! -volvió a gritarle la oveja, tomando aún más agujas-. Que si no vas a pescar pronto un cangrejo. -¡Una monada de cangrejito! -pensó Alicia, ilusionada-. Eso sí que me gustaría.
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