Alicia a través del espejo

salió volando tras él y esta vez logró recobrarlo ella misma. -¡Ya lo tengo! -exclamó triunfalmente-. ¡Ahora verás cómo me lo pongo y me lo sujeto otra vez, yo solita! -Entonces espero que se le haya curado el dedo aquel -contestó Alicia muy cortésmente mientras cruzaba ella también el arroyo en pos de la Reina. -¡Ay, está mucho mejor! -gritó la Reina y la voz se le iba elevando hasta convertirse en un gritito muy agudo, mientras continuaba diciendo-: ¡Mucho meeejor! ¡Meejor! ¡Meeeejor! ¡Mee...eeh! -Esto último terminó en un auténtico válido, tan de oveja que Alicia se quedó de una pieza. Miró a la Reina y le pareció como si se hubiera envuelto de golpe en lana. Alicia se frotó los ojos y miró de nuevo. No podía explicarse lo que había sucedido. ¿Se encontraba acaso en una tienda? ¿Y era aquello verdaderamente...

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