Alicia a través del espejo
y un día. -¡Eso sí que no lo puedo creer! -exclamó Alicia. -¿Que no lo puedes creer? -repitió la Reina con mucha pena-; prueba otra vez: respira hondo y cierra los ojos. Alicia rió de buena gana: -No vale la pena intentarlo -dijo-. Nadie puede creer cosas que son imposibles. -Me parece evidente que no tienes mucha práctica -replicó la Reina-. Cuando yo tenía tu edad, siempre solía hacerlo durante media hora cada día. ¡Cómo que a veces llegué hasta creer en seis cosas imposibles antes del desayuno! ¡Allá va mi mantón de nuevo! Se le había abierto el broche mientras hablaba y una súbita bocanada de viento le voló el mantón y se lo llevó más allá de un pequeño arroyo. La Reina volvió a abrir los brazos en cruz y
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