276 Sara Beatriz Guardia con"guración colonial de la educación y la universidad peruana, en la que imperaba, casi un siglo después de la Independencia, el criterio colonial del magister dixit y el control eclesiástico de la enseñanza, rompiendo con el sentido burocrático de la docencia al permitir que los alumnos puedan escoger a sus maestros dentro de un sistema de cursos paralelos; además de permitir la participación de los jóvenes en el gobierno de las universidades, abriendo los estudios hacia los problemas nacionales y el sueño de universidad a las clases pobres y otros sectores menos favorecidos de la sociedad, lo que hizo que, desde entonces, la educación empiece a ser asequible a los obreros, empleados y a las mujeres no integradas a los principios de ciudadanía del país. Cabe decir que, no obstante el idealismo romántico que ha caracterizado a la llamada generación de la Reforma universitaria peruana, idealismo inspirado en el arielismo continental, esta generación aún permanecía tocada de ese positivismo racionalista inyectado por Manuel González Prada, que en su “Discurso en el Politeama” había escrito, re"riéndose a la ciencia como la redentora que puede permitir domesticar la tiranía de la Naturaleza: No hablo, señores, de la ciencia momi"cada que va reduciéndose a polvo en nuestras universidades retrógradas: hablo de la Ciencia robustecida con la sangre del siglo, de la Ciencia con ideas de radio jigantesco, de la Ciencia que trasciende a juventud i sabe a miel de panales griegos, de la Ciencia positiva que en sólo un siglo de aplicaciones industriales produjo más bienes a la Humanidad que milenios enteros de Teolojía i Metafísica3. A esta generación reformista peruana pertenecieron Luis Alberto Sánchez, que en 1919 se había adherido al Comité de Reforma Universitaria de la Facultad de Letras de San Marcos, al lado de sus principales inspiradores, Raúl Porras Barrenechea y Jorge Guillermo Leguía Iturregui, quienes serán luego los principales animadores del Conversatorio Universitario. El 22 de septiembre de 1919, Sánchez leyó, como parte de la tercera conferencia del Conversatorio Universitario, su trabajo “Los poetas de la revolución”, texto que le dio las pautas para su primer libro, Los poetas de la colonia. Y pese a que la labor del Conversatorio quedó trunca, también cumplieron con su parte Leguía Iturregui (Lima en el siglo XVIII y Rodríguez de Mendoza el precursor), Raúl Porras (José Joaquín de la Larriva y El periodismo en el Perú), Manuel Abastos (Las ideas liberales y Bartolomé Herrera), Ricardo Vegas (Lord Cochrane). “Los sucesos universitarios sobrevinientes quebraron el ritmo de trabajo. Cada miembro del Conversatorio partió a su propio destino , no 3 González Prada, Manuel. Pájinas libres. Lima: El Comercio, 2005.
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