140 Sara Beatriz Guardia historias, de acuerdo con la concepción nuestroamericana y no la del “nacionalismo monárquico”, especialmente francés y español, que estudió y analizó en sus años de periodista en Europa. El pensamiento conservador y reaccionario latinoamericano —denuncia Mariátegui— imita y copia las ideologías del nacionalismo europeo, con la grave “consecuencia para la teoría y la práctica del nacionalismo de limitar a cuatro siglos la historia de la patria peruana. Y cuatro siglos de tradición tienen que parecerle muy poca cosa a cualquier nacionalismo sólido”.16 Porque tales son las condiciones en las cuales se debaten, angustiados e impotentes, los “nacionalistas criollos”, oligarcas que rechazan de plano tener un pasado remoto que incluya las civilizaciones precedentes a las conquistas y además, y por lo mismo, de un pasado reciente que también está formado por los múltiples mestizajes étnico-culturales que se fueron originando. ¿Cómo manipulan y confeccionan las oligarquías, auto consideradas “blancas” y no contaminadas por “el indianaje americano”, la supuesta (propia) historia? Para “llenar” subrepticiamente ese enorme vacío cronológico-histórico y “sentir a sus espaldas una antigüedad más respetable e ilustre, el nacionalismo reaccionario — observa con agudeza Mariátegui— recurre invariablemente al arti"cio de anexarse, no sólo la gloria y el pasado de España, sino también todo el pasado y la gloria de la latinidad. Las raíces de la nacionalidad resultan ser hispánicas y latinas”. Obsérvese bien como se trata de la descarada y agresiva negación ideológica del pasado milenario del Incario, que viene rechazado y exorcizado para reverenciar servilmente las tradiciones imperiales europeas, no sólo de Madrid, sino hasta las de Roma antigua, resultado del prepotente afán de a"rmación racial de las oligarquías sin pasado propio. Esta crítica de la periodización eurocéntrica de las historiografías fue y es crucial para la visión actual del gran aporte de Mariátegui a la reconstrucción integral de las milenarias historias nuestroamericanas, antes, durante y después de las invasiones ibéricas o las de Roma en España. Una historia pues, de larga duración: que recupere la centralidad del indigenismo, así como los mestizajes en cuanto formas de inclusión forzada pero creadora de los conquistados y sometidos, que podrían llegar a ser —según la previsión revolucionaria de Mariátegui— protagonistas de su propio presente, más aún en la perspectiva emancipadora del “socialismo indoamericano”. 16 Ibíd.
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