112 Sara Beatriz Guardia instinto de perfectibilidad del ser humano, por la Ley del Cambio y por la lucha de clases; es por ello que al esclavismo lo sucedió el feudalismo y luego llegamos al capitalismo; en el primer período el esclavista podía vender y matar al esclavo, en el siguiente el señor Feudal podía vender al siervo sin matarlo y en el sistema vigente el patrón explota a los trabajadores, apropiándose de la plusvalía (trabajo no pagado) para favorecer el incremento de su sacrosanta tasa de acumulación. En función a su interés meramente crematístico, en el marco de un seudo mercado de libre competencia que es controlado por no más de una veintena de grandes monopolios transnacionales que determinan a la economía mundial, sólo buscan maximizar la obtención de utilidades minimizando su costo de producción, especialmente el de la mano de obra, lo que genera una inicua explotación. Como consecuencia de la caída del llamado “Socialismo Real”, desde mi punto de vista “burocrático”, representado por la Unión Soviética, el principal asesor del Gobierno Norteamericano Francis Fukuyama en un publicitado libro planteo que habíamos llegado al "n de la historia con el triunfo "nal del capitalismo, a"rmación inmediatamente recusada por el prestigiado economista Alonso Aguilar cuando en México el año 1991 nos dijo: “Yo rechazo esa peregrina idea, puesto que el "n de la historia signi"caría el "n de la vida. Mientras haya vida habrá historia, habrá transformación”. Podemos colegir que la humanidad seguirá existiendo en nuevas etapas históricas, que según Carlos Marx serían el Socialismo, luego el Comunismo y otras que no han sido visibilizadas o tipi"cadas en sus rasgos esenciales. El capitalismo hoy La Organización de Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que no pueden ser tildados de antisistema, , así como prestigiados Centros de Investigación tipo OXFAM, WEF, FORBES y otros, han reconocido la inequidad de la globalización, al comprobar que pese a la portentosa renovación cientí"ca y tecnológica que experimenta la humanidad, los “gaps” se han profundizado cuantitativa y cualitativamente, puesto que ya no son sólo de carácter económico, "nanciero, social, técnico y cultural, sino que se han agregado las brechas cognitiva y virtual-digital, generando en su conjunto una negativa consolidación de nuestra dependencia y un degradante incremento de la desigualdad, lo que ha abismado la distancia entre la opulencia de los países desarrollados y la indignante pobreza del 85.0% de la población mundial que habita en los mal llamados países “subdesarrollados”; hace 30 años la relación entre pobres y ricos era de 30 a 1, hoy es de 61 a 1. Algunos datos resultan realmente conmovedores:
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