300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

Según la tradición franciscana, el puesto de bibliotecario en un convento debía ser ejercido por un “religioso cuidadoso y amante de los libros”. Este criterio habría prevalecido en la designación de los bibliotecarios de Ocopa, un puesto por demás meritorio, que exigía un gran conocimiento del fondo bibliográfico de la biblioteca y una gran “devoción por el saber”. Ejemplos de bibliotecarios con estos atributos, entre otros, son los padres Juan Álvarez, nombrado en 1770; Francisco Lázaro, en 1804; y Zabaljáuregui, en 1928. En la segunda mitad del siglo XX, destaca la figura del padre Julián Heras. Su labor marcará un antes y un después en la historia de la biblioteca. A él se debe la clasificación y catalogación del fondo bibliográfico de la biblioteca, de acuerdo con técnicas y normas modernas. Gracias a su trabajo, se logró un nuevo ordenamiento de libros, de acuerdo con el sistema de clasificación adoptado, lo que facilita actualmente la ubicación de los libros en los estantes. En el pasado, ya se habían hecho esfuerzos para organizar los libros de una biblioteca adoptando una serie de mecanismos empíricos, posiblemente inspirados en el trabajo de muchas bibliotecas de carácter religioso, tanto españolas como italianas. Estos sistemas solo podían ser comprendidos por el bibliotecario que, ciertamente, era un erudito. De acuerdo con la política de la orden franciscana, que históricamente ha priorizado el fortalecimiento de Bibliotecarios de Ocopa Foto: Ángel Taype

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