Cargados de años y de historia, el convento de Santa Rosa de Ocopa y su biblioteca se mantienen en pie y con buen talante, habiéndose sobrepuesto a tantos avatares — clausuras, saqueos, incendios y otros hechos— a lo largo de los tres siglos de fecunda existencia. Una verdadera proeza institucional. Un factor clave para ello ha sido, y continúa siéndolo hoy, el profundo arraigo de los padres franciscanos de Ocopa en los pueblos de Junín y, más allá de esta región, en los pueblos asentados en la inconmensurable Amazonia peruana, hasta donde se irradió su labor evangelizadora, educadora y social. Los valiosos libros y variados documentos que la biblioteca del convento custodia son, sin duda, fieles testimonios de esa abnegada y prolífica misión de los franciscanos. En el presente texto se abordan, someramente, los aspectos más relevantes de la biblioteca del histórico convento. En este breve repaso por el vasto discurrir de la biblioteca de Ocopa destaca el enorme aporte del padre Julián Heras, bibliotecario del convento, quien gracias a su formación profesional en el campo supo organizar técnicamente sus fondos, convirtiéndola en una de las mejores bibliotecas conventuales del país. Al tocar esos temas, es justo reconocer las palabras del padre Antonio Goicoechea, el último sabio del convento de Ocopa, quien al referirse a los primeros años de la biblioteca señaló que en ella se encuentran los libros traídos por los primeros frailes provenientes de Italia y España, llegados al Perú a cumplir con su misión evangelizadora. En sus estantes se pueden encontrar —prosigue el padre— igualmente los libros que esos mismos misioneros escribieron, con sudor y lágrimas, y hasta con su sangre, en un esfuerzo por documentar sus más importantes experiencias. 91
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