300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

83 A propósito de este mapa 8, el padre Izaguirre recoge la explicación que da el propio padre Agüeros sobre su método cartográfico y dice que para el mapa de la provincia de Jauja en cuyo centro está el Colegio de Santa Rosa de Ocopa “le fue compuesto con el práctico conocimiento que adquirí de aquella provincia situada al este de la Ciudad de Lima y a 50 leguas de aquella capital. En el año 1770 circulé por sus pueblos haciendo misión en ellos y repetidas veces he transitado por ellos. Para formar este plan tomé un punto principal y fijo al citado colegio, para desde él asentar puntualmente los rumbos y las situaciones de los pueblos, y numerar con seguridad las distancias. También aparecen los terrenos entre el colegio hasta el Cerro de la Sal de las montañas de la provincia de Tarma”. Esta honesta explicación la hemos constatado recientemente al superponer su mapa con otro actual elaborado con S. I. G. y comprobar que a medida que nos alejamos de Ocopa, la distorsión respecto a la posición y la distancia de cada punto a Ocopa se incrementa. Entendemos que era consciente del hecho, por ello, tampoco presentaban escala. No obstante, resulta una buena estrategia para representar en el mapa territorios de interés que de mantener la escala no hubieran salido en el mapa por la distancia a la que se encuentran (por ejemplo, Andamarca o Pariaguanca). Manuel Sobreviela, nacido en Zaragoza, fue guardián de Ocopa entre 1787 y 1797. Durante este periodo el convento alcanzó su mayor reconocimiento al utilizar la cartografía como evidencia de la influencia franciscana y como prueba para reclamar el “control misional” del vasto territorio que abarcaba desde Ocopa hasta Nauta junto al Amazonas. En la década de 1790, el territorio donde evangelizaban los franciscanos de Ocopa creció notablemente al asignarles la provincia de Maynas. Este territorio y sus poblaciones quedaron en abandono después de la expulsión de los jesuitas del Perú en 1767, hasta que Francisco Requena, comisario de límites de la Corona española, quien había entablado amistad con el padre Sobreviela y se brindaron apoyo mutuamente (seguridad con soldados en las expediciones de los frailes e información territorial por parte de los franciscanos de Ocopa al comisario Requena), solicitó a la Corona que la jurisdicción territorial que atendían los jesuitas de Quito fuera entregada a los franciscanos. Esto se formalizó con la Real Cédula de 1802.

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