300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

Solo, sin más medio de transporte que sus piernas, el padre Manuel Plaza emprendió un largo viaje. Durante su travesía, fue interceptado por un grupo de soldados de la joven república peruana que perseguían a miembros en retirada del ejército español. —Párese, Ud. —le ordenó un sargento. —¿Qué cosa manda? —preguntó el sacerdote, impertérrito. —Venga conmigo donde está el capitán. El sargento lo llevó donde su superior. —¿Qué hacía Ud. en la montaña? ¿Es Ud. acaso un capellán del ejército español? —indagó el capitán. —Soy misionero en el territorio del Marañón —respondió Manuel Plaza—. Hace 15 días que camino y aún demoraré algunos más para llegar a Trujillo. —¿Por qué no toma Ud. un caballo? —No lo tengo, y poco me aprovecharía aun cuando lo tuviese, porque las selvas y las cordilleras por donde necesito transitar no permiten andar si no a pie. —Le daré a Ud. una orden para que no lo molesten las partidas (de soldados) distribuidas por el camino en caso de que lo encuentren. —Agradezco infinitamente la atención que Ud. me dispensa, pero la orden que me ofrece es inútil, porque tomaré un camino por donde estoy seguro de no encontrar partida alguna. El capitán le entregó un caballo al padre Plaza para que completara su recorrido. El sacerdote aceptó aunque no lo consideraba necesario y reanudó su viaje montado sobre él. Pocas horas después, sin embargo, le dio el animal a un indígena y siguió su camino a pie. Este hombre que atravesó las tres regiones del país sin compañía ni armas, misionero de temple que renunció al auxilio militar para sostenerse únicamente en sus extremidades, fue una figura central durante una etapa particularmente crítica para la expansión del cristianismo en el país. La independencia del Perú en 1821 fue un revés para el avance de la evangelización franciscana. Lo sufrió como ninguno el padre Plaza, asignado a las misiones en el Ucayali, que se quedó solo ante el retiro de sus compañeros misioneros ordenado por el superior del convento de Santa Rosa de Ocopa tras la proclamación del fin del dominio español. 300 años. Convento de Santa Rosa de Ocopa 37

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