El padre Sobreviela abogaba por trasladar a los pueblos conversos situados montaña adentro a los alrededores del río Huallaga para facilitar el comercio y la navegación por sus aguas, y la fundación de misiones en sus orillas que guardaran una distancia proporcional entre ellas para que los navegantes (comerciantes, por ejemplo) encontraran cada día comunidades en las que descansar y abastecerse de lo necesario para su viaje. Por otro lado, el evangelizador español dejó instrucciones precisas a los misioneros: establecerse en tierras fértiles que produjeran alimentos hasta para “mil indios” y cerca de un río que ofreciera muchos pescados, fabricar un convento con una huerta donde brotaran yucas, plátanos, hortalizas, etc., y espacio para criar gallinas y cerdos, entre otros animales. Asimismo, mandó a aprender la lengua de los panos y manoitas (utilizada por las naciones del Ucayali) conversando con intérpretes o niños, registrando por escrito todos los nombres y verbos que escuchasen para luego practicarlos entre los misioneros, formando oraciones con las palabras recién adquiridas, etc.; así como a enseñar a los indígenas —sobre todo los chicos— a saludar diciendo “Alabado sea Nuestro Señor Jesuchristo”. Esta extensa lista de disposiciones y pautas suministradas por el padre Manuel Sobreviela retrata a una persona a la que solo llamar misionero sería como denominar arroyo al océano. El fraile que ejerció como guardián del convento de Ocopa entre 1787 y 1797 fue un hombre con visión de estadista, un religioso con dotes de gobernante para quien el progreso de las misiones se sostenía en cuatro pilares: industria, comercio, infraestructura vial y educación. El padre Sobreviela —que restauró las misiones de Manoa, en el río Ucayali, perdidas como consecuencia de sublevaciones indígenas en 1766 y 1767— le prestó grandes servicios al virreinato del Perú al contribuir a la expansión de su dominio sobre territorios de la Amazonia. En sus indicaciones a los misioneros, decía que cada vez que tuviesen la oportunidad ensalzaran “la grandeza, poder y majestad del mayor Monarca del Mundo, el señor Don Carlos IV (que Dios guarde), y del Excelentísimo Señor Virrey del Perú, diciéndoles que nosotros somos enviados por ellos para enseñarles buenas costumbres, apartarlos de los vicios, instruirlos en la verdadera Fe, sin la que no pueden ir al Cielo”. En el padre Sobreviela convivían la audacia del aventurero, la ambición del colonizador y el rigor intelectual del estudioso. Antes de viajar, escudriñaba todo el material escrito ubicable en el archivo de Ocopa para no lanzarse a ciegas. También fue un hombre drástico que no toleraba el menor toreo a sus normas. En el pueblo de San Buenaventura de Pampa Hermosa prescribió que se azotara 50 veces a los hombres o mujeres que tuvieran a su “consorte en otra parte” o a los solteros que no vivieran con sus padres (salvo que con permiso de estos cohabitaran con otros parientes). A sus habilidades para el liderazgo añadamos su autoría del mapa Plan del curso de los ríos Huallaga y Ucayali, y de la Pampa del Sacramento, el primero que se editó en Lima y que se publicó en la revista Mercurio Peruano, medio gracias al cual creció el caudal del conocimiento sobre la geografía peruana en Europa. Manuel Sobreviela murió en 1803. Vivió menos de 20 años en el Perú, pero hizo historia solo al alcance de los elegidos. 30
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