300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

“Mandé que cada uno de los vecinos plantase en cada año en su chacra diez arbolitos de cacao, diez granos de café, diez árboles de algodón, diez de coca y un puñadito de arroz”, escribió el padre Manuel Sobreviela en 1790 en un diario donde reportaba sus quehaceres misioneros. Las personas a las que se refería eran los 204 habitantes del pueblo converso de San Antonio de Playa Grande, a quienes había convocado para pedirles que fueran “buenos cristianos” y “útiles” a sí mismos y a la Corona española a través de la agricultura y el comercio. En el pueblo había un sacerdote, al que ordenó que se instalara en la puerta del convento una tabla grande con el abecedario inscrito en ella para que todos los días los solteros y solteras aprendieran el español a la perfección, pues había notado que su dominio del idioma era insuficiente. Tras dejar San Antonio de Playa Grande, el padre Sobreviela surcó ríos como el Monzón y el Huallaga para llegar a Pampa Hermosa, donde mandó a llamar a su población. El misionero franciscano instó a los 262 hombres y mujeres presentes al “fomento de la agricultura, industria, comercio y navegación” para que —como en San Antonio de Playa Grande— hicieran de sí mismos personas útiles. Además, ordenó plantar cacao, café, coca y algodón, e instruir a la gente soltera en el aprendizaje del español y la doctrina cristiana en la misma lengua. En su siguiente destino, Sión, dijo a sus 205 ocupantes que los productos que cultivaran (los mismos que en las anteriores comunidades) podían transportarlos en canoas y mula hasta Huánuco para intercambiarlos por materiales de vestir y fierro y acero para fabricar herramientas. Luego de visitar la iglesia y el convento que habían levantado los indígenas, el padre Sobreviela recomendó quitar “algunas casas que embarazaba(n) la hermosura y perfección de la plaza” y construir una calle ancha —con filas de platanares y árboles de cacao o algodón— que condujera de manera directa al río, y que sería “la entrada desde el puerto al pueblo más hermosa y deliciosa de todas las conversiones”. 300 años. Convento de Santa Rosa de Ocopa 29

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