300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

“Gracias a Dios que estamos con vida. Después de todo, después del terremoto y del movimiento senderista... Hemos sufrido mucho en Puerto Ocopa”, dice Héctor Armas, un hombre que suma 67 años de vida en esta comunidad asháninka situada en la provincia de Satipo. Don Héctor se refiere al sismo que devastó a Satipo en 1947 y a los ataques del grupo terrorista Sendero Luminoso en las décadas de 1980 y 1990. Que Puerto Ocopa haya sobrevivido a las dos catástrofes llena de alivio y gratitud a uno de los habitantes más representativos de una localidad de raigambre franciscana. Hermanas al rescate Una placa en el convento de Puerto Ocopa recuerda la llegada en 1922 de la Congregación de Religiosas Franciscanas de la Inmaculada Concepción a la comunidad asháninka. La inscripción también destaca el trabajo de las hermanas de la orden por el bienestar de los niños y jóvenes indígenas. Hoy, la hermana Mónica Suárez, con la colaboración de dos jóvenes religiosas, está a cargo de la misión. Dirige un colegio con 450 alumnos y un albergue donde viven 27 menores, y contribuye a la marcha de la parroquia. La historia de la misión, relata, comienza con la fundadora, la madre Teresa Posadas, una mujer “muy valiente, muy aguerrida”, que rescataba a los niños que por su carácter despierto o avispado eran considerados brujos por su comunidad y expulsados de ella (había gente inescrupulosa que los recogía para traficar con ellos, informa). Una vez rescatados, los menores eran formados en el cristianismo y educados. La hermana Mónica llegó por primera vez a Puerto Ocopa en 1999. Recuerda que entonces la mayoría de niños se presentaban solos en la escuela de primaria. Ellos mismos se ponían en manos de las religiosas para que los educaran. No había rastros de sus padres. 26 años después, la diferencia es grande. Ahora son los padres quienes llevan a sus hijos al colegio, participan en las reuniones, asisten cuando son convocados por los profesores, colaboran para que estudien en mejores condiciones materiales. Los papás de hoy fueron los estudiantes de ayer y tienen conciencia del valor de la educación porque ellos mismos disfrutaron de sus beneficios, explica la hermana Mónica. “Los traen porque saben que acá los vamos a formar bien”. 213

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