300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

José Amich abrió trochas, transitó caminos ignotos en campos del saber relacionados con el convento. Considerado como el primer historiador de Ocopa, el título de su obra capital —minucioso y enfático, imposible de leer sin perder el aliento— es una declaración de intenciones en toda regla: Compendio histórico de los trabajos, fatigas, sudores y muertes que los ministros evangélicos de la seráfica religión han padecido por la conversión de las almas de los gentiles, en las montañas de los Andes, pertenecientes a las provincias del Perú. El libro es la piedra angular de la bibliografía existente sobre las misiones franciscanas en la selva peruana. Su autor, natural de Barcelona, no arribó a Perú como sacerdote o novicio, si no como piloto de la Real Armada Española. Amich, también matemático, participó en el diseño de la fortaleza de Real Felipe en el puerto del Callao, construida para defender a la capital del virreinato del Perú, Lima, un centro geopolítico de primer nivel y apetecible botín para ambiciones extranjeras. Las obras comenzaron en 1747 y culminaron en 1774, cuando era virrey del Perú Manuel de Amat y Junyent. Tres años después de la ceremonia de colocación de la primera piedra de la fortaleza, Amich trocó el uniforme militar por los hábitos para integrar la orden franciscana. Pasó por el convento de los Descalzos en Lima y en 1765, atraído por las misiones en la selva, ingresó al de Santa Rosa de Ocopa. 23 Foto: Javier Ninanya C.

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