relacionada con las lenguas originarias, identificando tipologías textuales primordiales como gramáticas, diccionarios (ambos llamados en la época “artes de la lengua”), catecismos y cancioneros religiosos, clasificación que encuentra eco en el trabajo de Córdova de Castillo. Logramos identificar el papel central de los misioneros franciscanos del Colegio de Propaganda Fide del Perú en la producción de estos materiales, que aparece como sello editorial de las publicaciones en quechua y lenguas amazónicas. Este centro, fundado en 1758 como Colegio de Propaganda Fide de Santa Rosa de Ocopa por iniciativa del padre José de San Antonio, se consolidó como un espacio clave en el registro de las lenguas indígenas. Dentro de este corpus, los materiales en quechua son predominantes, destacando por su diversidad temática. En contraste, la producción de textos en lenguas amazónicas como el piro (yine), amuesha (yánesha) y campa (asháninka) es considerablemente menor, y no por ello menos importante. En el caso del quechua, la obra del jesuita Diego González de Holguín se convirtió en un referente clave, utilizada en múltiples reediciones hasta inicios del siglo XX, donde numerosos vocabularios y gramáticas elaborados en lenguas indígenas de la Amazonía aparecen acompañados por equivalencias en quechua. No obstante, en este contexto también se evidencia una especialización regional del quechua. En particular, para el quechua wanka destaca el trabajo del franciscano fray José María Francisco Ráez, quien elaboró vocabularios, gramáticas y catecismos en quechua wanka, que han sido ampliamente estudiados por el lingüista Cerrón-Palomino. Estas producciones lingüísticas se desarrollaron en la época republicana, entre fines del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo con un resurgimiento del interés misional por emplear las lenguas originarias como vehículo de evangelización. Este renovado impulso misionero, especialmente entre franciscanos, retomó la necesidad de evangelizar a los indígenas en sus propias lenguas, en línea con antiguas disposiciones conciliares. Fruto de este fervor fue la publicación del Vocabulario políglota incaico (1905), preparado por religiosos franciscanos de Ocopa. De este modo, el convento de Ocopa se consolidó como un núcleo estratégico de la empresa misional franciscana. Durante el trabajo de campo, el franciscano Antonio Goicoechea destacó que los misioneros privilegiaban el aprendizaje directo de las lenguas originarias, evitando el uso de traductores intermediarios. Señaló, además, que eran los niños quienes les enseñaban de forma espontánea la lengua 118 Foto: Javier Ninanya C.
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