El Sexto

EL SEXTO para maldita su suerte atravesó el Pacífico en busca del , Perú ¡que era de oro hace 500 años! -Y eso que éste no vió cuando "Puñalada" obligó al "Pianista" a tocar sobre el japonés. -Si, hermano. Tú tampoco lo viste -se dirigió a mí, Prieto:--. Les contaré, convie.tte que lo sepan; así comparan y justiprecian. "Puñalada" tumbó al japonés junto a los huecos de los wáteres; .y cuando vio que ya se hacía, llamó a gritos al "Pianista". "¡Ven, mierda; ven huerequeque !" le gritó. Lo arrastró junto al japonés. j "Toca sobre su cuerpo, carajo"! -le ordenó- . ¡Toca un vals! '"ldolo". Aunque sea "La ·Cucaracha". "¡Toca, huerequeque !". Lo hizo arrodillar. ' .Y el "Pianista" tocó sobre las costillas del japonés, mientras el desgraciado se ensuciaba. El negro se tapó las narices: "¡Toca has- ta que acabe!", gritaba. El pobrecito siguió recorrien- do las costilas del japonés, moviendo la cabeza, llevan- do el compás, con entusiasmo, como has visto que toca el filo de las barandas. "Puñalada" y sus socios se reían. Yo tengo en el hígado esas risas, como al buitre de nuestro buen padre Prometeo. ¿No es cierto? Prieto miró a "Mok'ontullo". · · ~¡Hay que aguantar, hermano! -dijo éste-. A todos los buitres, hasta la hora exacta. En· Arequipa está más cerca. Se persignó "Mok'ontullo", y se fue hacia su celda, junto al segundo puente_ . Era alto, de pelo muy castaño, casi dorado en la nuca. El vigor de su cuerpo, y sus ojos, transmitían esperanza, aún cuando la emoción lo rendía y se persignaba. Se fueron también los otros, y quedé solo en el ángu- lo donde el angosto corredor del piso terminaba, casi sobre la gran reja y los huecos de los excusados, frente a la isla. La luz ~el crepúsculo iluminaba la torre de la iglesia ) 26 (

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