El Sexto

EL s E X T (1 El hombre viejo apuró el paso, y nos aléanzó, por el último puente. · - ¿Este es el compañero nuevo? -preguntó. .-Sí -le dije., -Has hablado mucho, Cámac; los he estado obser- vando -dijo. re' · • -Cierto --contesté--. Ha hablado mucho. -No ·debiera ql).edarse con un nuevo. Procuramos tenerlo solo. -Lo cuidaré -le dije-. Hagamos la prueba. Me dí cuenta que Cámac estaba enfermo, que por eso le asaltaban las cosas y los pensamientos con exceso de hondura. ~- , 1 • -Señor -le dije al viejo--. ·Que él se recueste so- . hre mi cama. El tiene un colchón de . paja con perió- dico; el mío es de lana, muy bueno. \Cámac me miró y aceptó de inmediato. Se echó so- bre mi cama. Le puse la almohada a la - espalda-. EJ viejo me tendió la mano. -Sólo por un rato -dij o. Comprendí que temía. Pasó una de sus. manos so- bre la frente de Cámac; lo examinó, \sorprendido, mi- rándolo. -Este nuevo no es nuevo -dijo Cámac-. ¡Yo te digo que no es nuevo! Por eso acepto su cama. No te asustes compañero. Sonrió el hombre viejo, y salió. · -Ya hablaremos -dijo. -Es Pedro -dijo Cámac. - ¡Ah, el líder obrero! -Ha estado en Rusia. Dicen los apristas que está vendido al oro 0 de Moscú. -Sí, lo he oído. decir. Pero no charlemos. Ya vuelvo -le dije. ) 20 (

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