El Sexto

I E 'L s E X To - andar de estos chinchecitos. Aunque ahora con el frío están coj udados. Tendimos la cama. Me preguntó por muchos de los presos que vinieron conmigo de la Intendencia. -Ahora sí, aquí nadie sabe cuando saldrá. De la Intendencia todavía está fácil -dijo, apagó la vela y se recostó. - -Hazte la idea, compañero. Todos tenemos aquí de - 20 meses pe,ra arriba: ¡Buenas noches! Al amanecer del día siguiente escuché una armoniosa voz de mujer; cantaba muy cerca de nuestra celda. Me puse de pie. Cámac sonreía. -Es "Rosita' -me dijo-, es un marica ladrón · que vive sola en una celda, frente de nosotros. · ¡Es un va· liente! Ya la verás. Vive sola.. Los ases~nos que hay aquí la respetan. Ha cortado foerte, a J_nuchos. A uno casi lo destripa. Es decidido. Acepta en su cama a los que ella no más escoge. Nunca se mete con -asesinos. "Puñalada" la ha enamorado, ha padecido. Ya vera!; a "Puñalada". Es un negro grandote, con ojos de asno.. Parece no siente ni rabia ni remordimiento, ni dolor del cuerpo. ¡Verás! Es -un amo ahí abajo. Su ojo no pa· rece de gente, demasiado tranquilo. Cuando sufría por "Rosita" pateaba a los pobrecitos vagos; sacaba el látigo por cualquier cosa. Se paseaba como animal intranqui~ ]e, frente a la reja grande. El es llamador de los pre· ~os . Ya llamará a alguien dentro de un rato. "Rosita" ), 1 tiene todavía en condena, en ascuas. El negro no puede hacerle nada, porque el marica también tiene su ' Landa. - ¿Es él quién canta? -El. ) 12 (

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