El Oncenio de Leguía
- 64 - sible en la segunda mitad del Oncenio. El gobierno de Leguía nunca fué tan popular como para que su sostenimiento no costara sumas extraordinarias. Un ejército de mil~s de soplones fué pagado, á no men- tir los rumores de en tone es, con las cuantiosas en- tradas que rendía el impuesto de] rodaje. Los ca be- cillas del Régimen, e1 Presiden te y sus hijos incl u- sive, presentían de tal modo la posibilidad de su caída, que tuvieron cuidado de depositar en ban- cos extranjeros 6 invertir en seguridades extran- jeras la mayor parte de los millones que su- pieron adquirir. ¡Ojalá que Vdo el di_pero pro- veniente de los peculados h nbiese permanecido en el paí~, dando vida a la poblaC'ion! La mayor desgra- cia económica para el Perú fué la i::angría intensiva de moneda que se estableció, produciendo insensi- blemente una anemia má,xima en el organismo na- cional. Los depnrtados, los enemigos calificados del Regimen, 11evaron afuera sus fortunas; los amigos del Régimen también; los proteiidos de Leguía gasta- ron per.siones en el extranjero y pasajes en buques extranieros; y aquellos que gozaban de fausto den- tro del país compraban á las fábri.:-as extranjeras y hasta á la Exp, sición de Sevilla sus sorprendentrn artículos de lujo. En comparación con los cauda- les emigrados en el tiempo del régimen leguiísta, nada significaban ]as pocas maravilla<; que se tra- jo á Lima para asombro de los intonsos. · La política pro-obrera iniciada en el Perú desde 1os principios del siglo XX en que comenzaron á soplar vientos socialistas. no pasó en la época de Leguía, igual como en las épocas de B111inghust 6 Pardo, de una adulación del gobierno á los elemen- tos popuiares que podían influir en la afir.m_ación 6 ~ derrocamiento de un régimen presidencial. Cuando se procura comprometer así la voluntad po- pular, qt.1eda á un 1ado una multitud ól.nónima que
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