El Oncenio de Leguía
- 63 <liera cuent-a, una · profunda ofensa á la soberanía nacional, pue5 nada de ·Te.rminal tiene el puerto d-e1 Callao para - la navegación en el Pacífico, y las O- bras Portuarias de la famosa Compañía Snare solo han podido ser para los yanquis el terminal de las vías de exportación de la Cerro de Paseo Copper Corporation, _dueña de Junín. En tiempo5 de Legufa los peruanos se han de- jado insultar tranquilamente pcr la Potencia Yan- qu;, que es la más descortés de todas las Potencias. Quizá que Leguía dió á ]os hombres de la épol a su merecí-do. Quizá que debió ser ahogada la pren- sa oposicionista, por ser politiquera y no patriótica. Quizá que merecieron ser sableados los estudiantes universitarios que adulonamente habían p!'oclama- do á Leguía Maestro de la Juventud. Pero el país, este Perú lleno de esperanzas, con su futuro secular por delante, no recibió en semejante forma el fo- mento que merecía. Siempre en nuestra República había habido la mala práctica de buscar puestos para los hombres y no hombres aparentes para los puestos. Quizá que los contrarios de Leguía tuvieron más q'él la cul- pa de que durante el régimen del Oncenio todo el nombramiento de funcionarios fuera organizado de un modo estrictamente partidarista, seleccionan- do~e á las personas ne según la ca_li<lad de sus ~p- titudes sino la calidad de su adhesión al Presidente. En el primer período pn s1dencial de Leguía , antes del memora ble2 9 de Mavo de 1909, la política del Jefe del Estado fué de una~ conciliación de los partidos, política que fracasó, sea porque los interesados d!.!da- ron de la sinceridad de la conciliacion ofrecida ó por- que Pntretenían ambiciones intransigentr-s. El sometimiento paulatino de 1a oposición n fué obra tan facil ni tan solida como ¡: odía haber hecho creer Pl triunfo <lel leguismo que se hizo vi-
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