El Oncenio de Leguía
- 36 una de las rentas de la Institución, hipotecándolas en garantía, para disipar el efecti w del P1:éstamo en las orgías acostumbradas durante el Oncemo. · El último empréstito verificado por la dictadura de Leguía fué de cien mi1lones de soles, cuya garan- tía fué la totolídad de los impuestos que debía recau- dar y aáministrar un organismo creado al efecto, controlado por los banqueros. ¿ Quien no comprende la miseria de un país cuyo fisco ha tenido que admitir interventores extranje- ros y cuyos dirigentes ~e dedican desesperados a buscar dinero para poder atender a los servicios públicos, a los pagos de las obligaciones oficiales y la satisfacción de los vicios privados?. J0sé Pardo dejó, al cabo de su primer periodo en 1908, a su sucesor Leguía ]as arcas del Estado a- gotadas, pero ¿quién osaría afirmar, contemplando el cuadro que ofrece el país al dejar Legufa el go- bierno en 1930, que este gobernante haya sido su- perior a sus antecesores y haya levantado al Perú durante el Oncenio?. Legufa vivió como Sarda nápalo, el sibarítico rey de Asiria, ó como Luis XIV que decía: ' 'El Estado soy yó·', ó como Luis XV cuya fra5e fué: ' 'Des- pues de que yo termine, que venga el diluvioº' Sardanápalo trajo la desmembración de · Asiria por los medas y babilonios; los Luises trajeron la guillotina. Leguía deja para sus sucesores el inmen- so problema de reconstruir el Perú arruinado y di- sociado. Todavía no se puede saber si el Estado que él gobernó esté destinado a ser desmembrado co~o la Asiria, á hundirse en el diluvio presentido ó a ser salvado del naufragio por la misericordia de Dios.
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