El Oncenio de Leguía
-100- enderezarles ni homenajes ni hostilidades. ·Pero, pese á los cuya mentalidad no abarca sino el radio del mezquino interes inmediato y efímero, los gobernantes pertenecen á la Historia, porque cada uno de sus nombres significa algo, bueno 6 malo, en la cadena de los hechos que exaltan 6 abaten la gloria de un pueblo. A la Historia pertenece Leguía como uno en- la fila de los gobernantes del Perú, y si fuera cari- dad hacia él caJlar sus errores, no sería caridad hacia las futuras generaciones peruanas el privar- las _de las enseñanzas que se desprenden del On- cemo. En el Cementerio de Baquíjano los panteoneros ponen flores en el nicho de Leguía. Esos hombres humildes son hombres ciegos que compadecen á un ciego que murió en la desgracia y ejecutan u- na obra sublime de piedad. Leguía veía en el plano de las formas, pero fué un ciego · en el plano de los ideales-ególatra, solo podia profesar el paga- nismo; mercenario, era impotente para labrar el bien de sus gobernados, porque un gobernante comprometido es como un Sansón á quien Dalila ha cortado la cabellera; avasallado por los esplen- dores de una Babilonia no podfa llevar al país si- no al vasallaje. Los deudos de Leguía seguramente no ven la ho- ra de trasladar las cenizas del ex-presidente a.l Panteón de lus Próceres; sin embargo harían mu- cho mejor en dejar los despojos en la paz en que están. donde manos bondadosc1.s le tributan rosas en tarros de envase de avena quaker, pues los visi- tantes en Baquíjano juzgarían á Leguía como un pob<re humano, fnientras que los visitantes en el o Panteón de les Próceres lo juzgarían como un go- bernante funesto.
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