El indígena y su derecho

-47- rrame cerebral, ella significa la muerte. ¡Acuerdense los estadis- tas y también las multitudes de los que no son estadistas, pero que son capaces de formar opinión, de este símil! El indígena en su sitio normal, dentro de la vértebra de los Andes, resuelve del ser o no ser del Perú como nación prestigiosa e independiente. El pueblo indígena es, junto con su cuna, el Ande, la solidificación del principio político plasmado en la nación peruana, que forma un es- queleto capaz de cargar las carnes y las grasas que la vida activa acum 1 ule al rededor de él. ¡Destruid ésta vértebra y el' Perú será un cadaver! No cabe duda que será el hombre de color quien tenga que realizar la cultivación de la Montaña. El trabajo mus- cular del hombre blanco no cuenta para nada en las regiones tropicales. Que el colono blanco vea donde consiga braceros para ejecutar los planes de su mentalidad, incapaz de ser idea y acción a la vez, pero, que pague a esos braceros el jornal debido, y no use a nuestros indios de nuevo como pongos y mitas. Al gobierno pe- ruano le corresponde proteger a su pueblo e impedir el enriqueci- miento ilícito del comercio extrangero, que en seguida ~e vuelve contra el Perú, aplastando sus libe rtades y conveniencias. La Naturaleza no ha establecido las gerarquias raciales que la necedad humana ha inventado. Una inspiración malévola de ori- gen intrazable ha predispuesto a los criollos contra las razas asiá- ticas, que son justamente la~ salvadoras en el dilema que ofrece el ·centro del Continente Sur Americano, al tener enorme labor de e~plotación que realizar y ninguna población lugareña aáecuada a la tarea. La inmigración asiática, esa inmigración calamitosa de nuestros escritores criollos, repetidores de viejos estribillos; las ra- zas china y japonesa, esas «razas inferiores» al decir de los blan- cos y semi-blancos, a pesar de la vitalidad incomparable de la china y la potencia mundial de la japonesa, la inmigración asiáti- ca.será la única que podrá contribuír a solucionar con felicidad los problemas de nuestro inmediato porvenir nacional. El asiático es bastante numerosó, trabajador y adaptable al clima para cumplir la misión de cultivar la Montaña y lo 1óa?á en condiciones econó- , micas moderadas, pero equitativas, porque se presentará como un contingeniit libre y no siervo. El asiático dará menos i;otas de arbitrariedad y hasta crueldad, que el europeo, cuyas pas10nes cu.1~ minan en el despotismo y ensim1Smamiento del yanqui. Descartan- do el concurso del asiático, el peruano pasará por la vergüenza de ser conracial de indios abyectos, esclavizados por sajones lati-

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