El indígena y su derecho

-38- cios de su situación geográfica, de que tanto se queja. La pobla- ción criolla y la nueva inmigrada, ion casi nulas para la defensa patria de los países sudamericanos. El criollo no ama su patria sino a medias; el recien inmigrado carece de todo arraigo históri- co y sentimental en la tierra de este continente. De este modo es que la tien·a no resulta para tales elementc,s patria, sino artículo de negocio. La evidencia de los hechos ha demostrado más de una vez que una política de fomento intensivo de cualquiera inmigración es · prematuro en la época temprana de evolución en que se encuentra el Perú. Sin embargo los gobiernos sucesivos ·se han obstinado en querer abordar, asi prematuramente, ese delicado problema de una inmigración oficialmente impulsada . En la actualidad el Gobierno ha creído dar en un buen resorte para abrir la Montaña a la afluencia de población que tanta fal- ta hace con referencia al amplio espacio y & los riquísimos recur- sos naturales de las ubérrima:s regiones tropicales del país, conce- diendo a los algodoneros nacionales nna fanegada de terreno de montaña en compensación de cada libn peruana que ellos tienen que abonar de impuesto al quintal de algodón. Los cálculos res- 1 pecto a la suma de los quintales de algodón así convertidos en tí- tulos a propiedAdes rústicas en la Montaña, y el total de los te- rrenos disponibles en las comarcas orie ntales ape "1 as estudiadéls, parecen que deben de ser un poco difíciles de hacer. Lo que se anunc~a obviamente es un fuerte latifundismo montañés y un la- berinto de cuestiones de reclamación de derechos a propiedad in- mueble. Tendrán que venir, a su debida hora, transacciones y decretos de conciliación en litigios turbios, y es prcbbable que los terratenientes peruanos -Opten por librarse de pleitos y dilenrns, vendiendo sus títulos a los capitalistas yanquis, que se entende- rán de algún modo con el 'Gobien10. Entonces la Montaña será yanqui, y la polonización del Perú por ese lado llegará hasta las faldas orientales de los Andes. En Ja Montaña no ha~ elemento viviente que pueda oponerse a la desperuanización absohfta de ese territorio que forma parte legítima de la República. O las vastas regiones ·selváticas y flu- viales carecen en absoluto de población, o son poblada~ por sal- , vajes inconscientes de nacionalidad. La nueva población que traigan las corrientes inmigratorias será compuesta de todas las nacionalidades menos la peruana, y si en la costa los mestizos se jactan de ser de origen europeo antes que de origen indígena, me-

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