El indígena y su derecho

--18- rranías; ¿el indio o el extraño que le llevó el aguardiente; el indio o el Estado que no cuidó de difundir el alfabeto hasta los villo- nios más remotos del territorio nacional; el indio o el gendarme que ha sofocado con metralla y fusilería las sublevaciones del peón y yanacón e~clavizado; el indio o el ¡;:átrapa que por buscar la fortuna indiyidual ha privado a las provincias de obras de pro- greso? ¡Castigar al indio por ser ana1faheto y alcohólico, apático y desalentado! ¡Castigarlo con la pena infamante de la pérdida de la soberanía personal! Suponer que. de~pc jándolo de las faculta- des de perscma soberana, sería po ible efectuar el milagro de «in- corporar al indígena al complejo general de los ciudadanos nacio- nales», como suena más o menos la frase de los Yándalos anti-co- muneros y reformistas preco'ces. Sinceramente no creo que todas aquellas entidades que concu- rren en cavar la tumba de la rnza indígena yean la obra que es- tán haciendo con la claridad con q ne la verá <·n retrospecto la . Historia, y con que la ven ya contorne,n·se algunas inteligencias previsoras. No; paso a pa~o marchamos nosotros los 1 ho111bres, vacilnndo muchas veces en medio de la obsesión idealista o mate- rialista qne en el fondo nos domina y nos arrastra siempre fiüal- mente en• el sentido de su dirección inalterable. Cada paso que hacemos queda encen·ado para nnes'rro alcance visual dentro de un horizonte inmediato, y solo la cert~ra orientación general de los icasos decide de la meta a que llegaremos. La revelación que hiciera un agorero de la nota a que los; pasos momentáneos con- ducen, ofrecería sin duda para muchos hombres grandes sorpresas, y ahí está la utilidad de pronosticar, porque pudiera ser que mu- chos hombres no quisieran ir en realidad a donde van. i Es en este pnder de la profesía que pnngo mi espera11za pant lograr vencer la r1posición al indígena de todo '~ los otros poderes: el del foro, y del Gobierno, y de las Cámaras, y de la Iglesia y de la Opinión Pública. Espero lograr modificar los conceptos y la voluntad de todos los qn~ traman consciente o inconscientemente el exterminio de la Raza, a .rm del Tahuantisuyo. Debe cambiar en los Poderes Ejecutivo, Legisl~tiv~ , Judicial y Eclesiástico el concepto formado sobre una conveniencia públi- ca que pudiera amenazar la sub~istencia del derecho peruano au- tóctono; en el Poder de la Opinión Pública la tendencia a veja1· al indio; y en los hijos ilustrados de 1os gamonales primitivos la in- clinación a la civilización latina qne desde hace dos mil años cla-

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