Zarela : una novela feminista
ZÁRELA. 8l ¿Es que msp1ra ma conmiseración el criminal que empuja a su víctima hacia el abismo i no ésta que inconsciente i presio- nada a él desciende? Hermengarda mordióse los labios hasta hacerse sangre, guardando silencio, descon- certada por la actitud inesperada de Soledad i la lógica de sus razonamientos. La j óven alentada por el mutismo de la tía prosiguió: No me explico Ja manera de ser de al... gunas gentes, que alardeando virtud i cari- dad, llenan los templos, imploran perdón de sus maldades a ese Jesús, todo . piedad i mi- sericordia; salen de allí i, de miserables reos, se convierten en inexorables jueces, i en tan- to que con una mano golpéanse el pecho, con la otra cojen el homicida hierro de la intransigencia i sus labios pronuncian mu- chas veces falsos veredictos i sentencias ca- . .. .. s1 siempre inwuas. ¡Ah mi buena tía! piedad para mi des- dichada hennana, ya que no por consangui- nidad, siquiera por afinidad de sexo. -¡Silencio insolente!- gritó fuera de sí Hermengarda, irguiéndoee amenazante - silen- cio,! caro te va a costar la broma de convertir- te en de~ensora de esa desvergonzada. Pa- ra evitar .sigas su funesto ejemplo, haré que
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx