Zarela : una novela feminista
74 LEONOR E. DE ME~TÉNDEZ cuando su rostro mostraba impresos los im- borrables estigmas del tiempo i cada arruga, cada blanco cabello, decían las intimas lu- chas, la tristeza i el tedio de su vida. Muda, dolorida, quedaba abi macla en sus pensamiento ; luego, pretextando jaqueca, dejaba el salón. Otras veces agotada su prudencia, e~pe raba que Simón salie e i dejando desbordar su ira, hartaba a la joven de hirientes im- properios. Margarita, triunfante i satisfecha, in dignarse mirar a la tía ni e cucharla, s0 lía contoneándose del salón. Hermengarda se desahogaba con Sole- dad. - Esto es insoprtable - la decía - tu her- mana es una desvergonzada, no parece sino una mujerzuela. ¡Qué horror Dios mio,! es- tar con estos disfuerzos delante de un ca- ballero, qué dirá, nos creerá a todas igua- l es! Ya verás la muy coqueta con que en- tremés nos sale el día menos pensado. Pa- ra evitar todo esto, preciso es hablar a tu padre que de una vez haga definir a Ruper- to su situación en esta casa, para que se lle- ve lejos a esta in~oportable sinvergüenza. Soledad escuchaha paciente a la tía, dán_ dole unas veces la razón, disculpando otras
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