Zarela : una novela feminista

66 LEONOR E. DE MENÉ DE Z los que la piadosa señora le obligaba en- t.rar a una cofradía, o pertenecer a tal o cual círculo religioso, respondía sarcá8tico: Tienes razón madre, para que le urean a uno, hombre de bien i hasta santo,, preciso es hacer alarde, mucho alarde de beatitud . ¿Recuerdas a Rufianoli,? a ~ í engatuzó a los padres de Susana, derrochándole hoy a manos llenas su fortuna. ¿Recuerdas a Ca.- cosme;? por el mismo estilo i haciendo va- liosas dádivas a los templos con dinero a- jeno, logró inspirar confianza llegando a er banquero de mucha gente i cerrando después con el santo i la limosna, dejando en la mi- seria a multitud de infelices. Por el estilo, cuántos ejemplos podría citar. -Sí recuerdo hijo mío, pero supongo que tú no serás malo, ¿verdad? · - Descuida madre mía, - respondía el dig- no hijo sonriendo socarronamente. Ruperto dejaba transcurrir el tiempo con gran . pachorra, sin afanarse por destin0 o industria que le proporcionase el dinero ne- cesario para salir de créditos i deudas mor- tificantes i en tanto que llegaba la acauda- lada presa, entreteníase en indecorosas espe- culaciones. Una carta de amor olvidada en uno de los vestidos de Ruperto, vmo a revelar m-

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