Zarela : una novela feminista
64 J.,EONOR E. DE MENÉNDEZ Desde que fué madre, era vidente, vien- do el porvenir de aquel mimado hijo, claro i sonriente. La señora cuido el exterior del joven con tanto esmero cual si fuera una muchacha de- licadamente bonita. Rupertito, endereza el busto - decíale su 4 plicante-camina derecho hijo mío, los de a- · rrogante figura no se encorvan. ¡Niño no juegues al sol,! tu bonito i aterciopelado cu- tis se ebtropea. No te hagas cortar el ca- bello tan de seguido, la sedos1dad i finura, tórnase en ordinaria rigidez. Estas i parecidas indicaciones de la ma- dre, fomentaron en Ruperto una profunda e- golátría i el hábito de acicalarse cual dama coquetona i hermosa. De naturaleza robus- ta desarrollóse fuerte i vigoroso, diríase que las bellas cualidades morales . que la madre vislumbró, huyeron del espíritu para recon- ce.ntrarse en el físico: era un buen mozo en toda regla. Después de tantos ensueños i fantasías de la viuda de Saldívar, Ruperto no era o- tra cosa que un dandy egoísta i presuntu0so. Viendo defraudadas sus esperanzas, la viuda se consola con el último recurso que le quedada para ver figurar a su hijo i a- segurar el porvenir de ambos.
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