Zarela : una novela feminista
54 LEONOR E. DE MENÉ"N"DEZ la silenciosa constancia de Peñaloza, el acen- drado i recíproco afecto que éste i el e~poso de Luisa se profesaban; podría citárseles de amigos modelo. La viudez de Lui~a, fué un rayo de luz i esperanza para el paciente Benito. ¿Acaso una constancia tan a prueba como la suya no merecía la recompensa del cariño de aquella hermosa i caprichosa mujer? A í se lo ma- nifestó un día sin embozo alguno i no ya su- plicante como lo hjciera la vez primera, sino en tono casi imperativo. La ingrata le escuchó benjgna contiada en Sll podernso dominio, con aquella su dulce sonrisa i ese magnético mirar capaz de domeñar los fieros impulsos del más iracundo felino. Con suaves frases cual tiernas caricias volvió a desilucionarlo del todo, serian ami- gos, nada mas que amigos; el intransigente destino así lo tenía dispuesto. El entomólogo guardó penoso silencio i la resignación volvió a reflejarse en sus gri- ses i enigmáticos ojos. Continuó visitando a Luisa como si también en esta vez nada hubiese ocurrido entre ambos. Luisa tratábale con especial deferencia, diríase era un hermano o pariente muy próxi- mo i Zarela le quería como si fuera su ver- dadero padre.
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