Zarela : una novela feminista
ZARELA 51 Con todo estos recuerdos i razones que a la mente de Luisa acudieron, quedó del todo tranquila, sin vol ver a importunarle la idea de lo que ella llamaba travesura nece- saria. · La tenacidad que Zarela manifestaba pa- ra el estudio, alarmó a la señora i entre ca- rieias la amonestaba para que desi~tiese d e ¡ - cu empeno. ¿Con qué obj e to lastimarte el cerebro con tanto e~tudio?- -le decía---una señorita de tu posesión i alcurnia no lo necesita. ¿Para lucir en los salones? no es preciso, hija mía, i si dudas de mi aseveración, fíjate en la acau- dalada señorita N eciamina de Pomareda que ui sumar sabe por el en greimi en to en que se ha criado; i"'no obstante, en sociedad llama la atención la agudeza de su ingenio i aunque desbarra, n~die lo toma en cuenta i hasta sus dislates son festejados como preciosas graciosidades.-Sea la fortuna hija mía, la rutina o la añeja tradición de considerar a la mujer un bello bípedo de encantadora ca- beza vacía, ello es que, en todas partes, se le concede a su lamen table ignorancia generoso pasaporte. Aunque Zarela tenía :mucho que respon- der a las razones de su madre, no querien- do contrariarla ni discutir con ella, ]imitába-
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