Zarela : una novela feminista
190 , . LEONOR E. DE tMENENDEZ activa nos ~ dispu ta~ profesiones i destinos; sa- turado está del mortífero óxido de carbono que emar{a de la rebelión. No dejemos embaucarnos con~ sofismas que son tan falsos como lo es la azul colo- · ración del firmamento. Son engañosos Aspe- jismos, fosforecencias que desap~recen dt;jan- do tras sí un desencanto. El señor Peñaloza se exaltaba a su ,.i-ez en sus discursos de lucha. Según él ese mo- derno feminismo era el gran extravío, la gran demencia del siglo. -¡El mundo marcha a su perdición ami- go!- exclamaba en tono sentencioso atusán- ~ose la barba gris-¿No le parece una bella- quería la de estas feministas 0 en pretender la igualdad moral de sexo?. Ahí las ve usted, dale que dale con su tema queriéndose saii'r con la suya. Si no oponemos a es·a audaciá la fuerza, estamos perdidos irremisibl 9mente amigo, estamos perdidos. Oonced ámos1e hoy esa igualdad, mañana las muy tunas nos di's- putarán la supremacía. ¡No faltaba más!; En- tonces si que el múndo marchaba de reves i nos habían di vertido de lo Ündo. Para évitar est o preciso es hacer valer nuestros derechos ahogando en 8US comienzos esfos chill\d'ós de rebeldía i a las secuaces cortárles el víie1o. E n esta lucha toda arma debe sernos petmi-
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