Zarela : una novela feminista

159 Debo advertirle además, que en estas red u- cidas habitaciones se acomodan como pue- den dos o tres personas; aquí no hallará la luz i ventilación que los higienistas reco- miendan como indispensables para la vida, la admósfera que se respira, es la de una antesala de muerte. Que quiere usted, vo- luntad i caridad nos sobra, mas lo esencial para hacer habitables estos cuchitriles, falta, falta el dinero. 1 -Bien señora, hasta la vista- dij o Mar- gal'ita, saliendo en alas del miedo, huyendo de aquel centro de miseria i de la bondado- sa abadeza. Margarita se ve constreñida a ir ella misma al mercado i en este luga:r observa mas terrible la lucha por la vida, ofre- ciéndosele la miseria bajo todas sus faces. Allí aparece el vendedor ambulante, dete- niendo a los transeuntes ponderando las cua- lidades i supremacías de sus artículos; allí los farsantes ofreciendo al público remedios maravillosos, jabones i cosméticos que per- petúan la juventud i embellecen· el semblan- te; allá la ridícula figura del sacador de mue- las, vestido de negro frac, corbata, chaleco i guante blanco, lustroso i alto sombrero, za- patos de charol i medias de llamativo co- ~or. Diríase que este singular personaje se

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